Twitter y los odiadores
by pilar cámara
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Redes SocialesTwitter y los odiadores

Ayer desperté con la noticia de que Twitter estaba duplicando el número de caracteres y sentí nostalgia de cuando, entre optimistas e ingenuos, muchos pensábamos que la red social iba a ser la herramienta que encendiera un cambio real en un mundo exhausto.

Al final, como en tantas y tantas cosas, ha sido ese mundo el que ha convertido una magnífica herramienta de información, comunicación y debate en la peor versión de sí mismo. Twitter parece ahora una máquina de odio. Demasiado humana para dialogar. Demasiado terrenal para la utopía.

Hace varias semanas me encontré con un titular que me llamó poderosamente la atención: «Twitter cada vez más parece un garito sórdido de carretera donde sólo están matones y pendencieros».

Lo decía en TreceBits Antonio Naranjo, director de El Semanal Digital y analista en varias tertulias de televisión y radio, en una entrevista en la que aseguraba que nos hemos equivocado al santificar Twitter como ejemplo de periodismo ciudadano.

Sí, hace ya mucho tiempo que la red social dejó de ser lo que parecía para convertirse en la plaza en la que se ajusticia a sospechosos de todo tipo y condición, la picota del siglo XXI.

Leía recientemente en El Confidencial que la investigadora Molly J. Crockett, de la Universidad de Yale, sitúa a los medios de comunicación digitales como el gatillo de un arma al alcance de todo el mundo. «Pueden exacerbar la expresión de la indignación moral inflando los estímulos que la desencadenan, reduciendo alguno de sus costes y amplificando muchos de sus beneficios personales», explica la investigadora.

¿Las razones? Varias. Entre ellas, la cobardía. Y es que, como comentaba la investigadora en el estudio del que se hace eco el artículo, «avergonzar a un extraño en un callejón desierto es mucho más arriesgado que unirse a una multitud en Twitter», porque en el mundo real, el castigo moral lleva emparejada una pequeña posibilidad: el riesgo de que tomen represalias contra ti. Sin embargo, la posibilidad de venganza queda muy limitada en internet. «La posibilidad de una reacción negativa en contra es baja cuando sólo transmites tu desaprobación moral a gente que piensa como tú».

Así las cosas, se comprende mejor por qué cada día hay un nuevo linchamiento en Twitter. ¿Acaso necesitamos nuestra pequeña ración diaria de odio para sentir que estamos vivos? [Y Tyler Durden asomado en un esquina] ¿No será, de nuevo, el ansia por pertenecer a un grupo el que nos empuja a unirnos a la turba?

Quizá no haya que darle tantas vueltas y conformarse con que Twitter es el bar de esta década, aquel en el que nos quitamos la careta y nos desahogamos como si estuviéramos solos, amparados en un mal día, una mala racha, una mala vida. Sólo que aquí, en la red, todo permanece.

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